En un artículo anterior definimos, con ayuda de Guillermo Cabanellas, a la ¨financiación¨ como la aportación, entrega o suscripción del capital necesario para fundar o impulsar una empresa, o para reunir los fondos precisos con que emprender un negocio o una operación. La financiación implica, en consecuencia la obtención de recursos distintos a aquellos que se generan dentro de la gestión normal de la empresa y lleva consigo la intervención de terceros que proveen de dichos recursos.
Establecimos entonces que el mercado financiero, engloba al denominado “mercado monetario o de dinero”, que es aquel donde se colocan activos con bajo riesgo, alta liquidez y amortización a muy corto plazo, por sus características es opuesto al mercado financiero y el ¨mercado de valores¨ que es aquel que comprende las operaciones de colocación y financiación con capitales a mediano y largo plazo, la compraventa de acciones y participaciones en sociedades mercantiles y las instituciones que efectúan tales operaciones.
Existe en principio el mercado de valores en el Ecuador, siendo así surgen varias interrogantes ¿Por qué no se ha desarrollado?, que impide su formación? Porque no está en la visión del ecuatoriano esta forma de financiación? Una de las razones creo yo, es la ausencia total y absoluta, en los niveles primario, secundario y aún universitario de educación financiera de varias generaciones y que pese a los esfuerzos realizados en estos últimos tiempos han sido insuficientes, el ecuatoriano tiene marcado en su mente que la única fuente de recursos es la proveniente de créditos otorgados por las instituciones del sistema financiero.
Por otro lado, un mal atávico de los ecuatorianos, es creer que no podemos compartir ideas ni aunar esfuerzos. Por temor, ignorancia o cualquier otro pretexto no estamos ni hemos sido preparados para emprender, preferimos que alguien nos contrate a iniciar un emprendimiento y de hacerlo debemos hacerlo solos.
Tendemos a copiar y creemos que si un emprendimiento o un negocio va bien, pues hay que copiarlo y lo hacemos tantas veces que llega un momento en que la actividad y el mercado se saturan, no entendemos lo importante de la colaboración y del trabajo conjunto, no logramos considerar que la unión hace la fuerza y que es preferible tener una pocas instituciones fuertes a muchas y peligrosas pequeñas aventuras.
Este mal ecuatoriano, lo replicamos a todo nivel y el mercado de valores no es la excepción: en un mercado tan incipiente como el nuestro resulta complicado tener dos bolsas de valores, dos depósitos de valores, nueve calificadoras de riesgo, treinta casas de valores, treinta administradoras de fondos (no hay cama para tanta gente), pugnando por un mercado reducido. Es preciso que dejemos temas regionales y políticos que nos desunen, que dividen y no multiplican, no consolidan institucionalidad y fortaleza por el contrario nos hace más débiles y temerosos. Pongamos todos de parte para hacer un mercado de valores eficiente y un país mejor.
Dr Diego Garcés Velalcazar
CONSULTOR